El ‘hiyab’ femenino y masculino
Fuente: elfaroceutamelilla.es

La asociación de mujeres musulmanas ‘Al-Ambar’ lamentó ayer las declaraciones de Bibiana Aído, ministra de Igualdad, quien criticaba esta semana que en España el hombre árabe va vestido al modo occidental mientras que la mujer debe llevar vestidos largos y pañuelo. “Sus palabras demuestran que desconoce la realidad islámica”, coinciden las integrantes de esta entidad. La junta directiva de ‘Al-Ambar’ se reúne en la Asociación de Vecinos del Príncipe Alfonso para iniciar el debate. Reduan Alí, voluntario y vicepresidente de la comunidad ‘Bader’ plantea su primer argumento: “el hombre también debe ocultar determinadas partes de su cuerpo”.
Las culturas preislámicas, que Alí identifica con el pueblo Kuraichi, acostumbraban a que las mujeres ocultaran su cuerpo desde el cuello hasta los pies, sin embargo, el cabello quedaba al descubierto. “Cuando el Ángel Gabriel reveló las escrituras al Profeta Muhammad, entre las obligaciones que contenía se encontraba la figura del velo islámico”, explica Alí, quien ha cursado ciencias islámicas.
Habiba Abdelkader, vicepresidenta de Al-Ambar, se adelanta para despejar perspicacias sobre este precepto coránico: “Utilizo el pañuelo porque quiero, pero eso no me ha impedido estudiar Enfermería ni trabajar fuera de casa”. Al-Ambar quiere aclarar que nadie “obliga a llevar el pañuelo” y añade que “debe salir de uno”. Lo mismo ocurre con el ‘hiyab’ masculino: “El hombre debe llevar el pantalón por debajo de la rodilla y evitar exhibir el ombligo”, indica Alí y Ahmed Enfedal, voluntario en la asociación de mujeres. Este mandato revelado al Profeta está recogido en una sura, cada uno de los capítulos en los que se divide el Corán.
Es mediodía en el Príncipe Alfonso y hace calor. Laarbi Mohamed, presidente de la Asociación de Vecinos llega al local social en pantalones cortos por encima de la rodilla. Todos bromean, incluido él. “El buen musulmán es el que obra con fe y ayuda al prójimo en la medida de sus posibilidades”, comenta Mohamed sin restar importancia al aspecto religioso.
En cuanto a la sura que recoge el uso del hiyab femenino, éste dicta que debe estar cubierta hasta las muñecas, los tobillos y mostrar únicamente el óvalo del rostro.
‘Al-Ambar’ cuenta tanto con usuarias del velo como con componentes que prefieren mostrar su cabello. Imam Ahmed, secretaria de la asociación, pertenece al segundo grupo aunque respeta a quienes lo llevan. “Un pañuelo no tapa las ideas”, afirma. Un mensaje sencillo pero contundente. Enfedal también tiene su propio lema: “Ser libre es elegir lo que quieres vestir”.
Un hadith, el relato de las obras y los dichos de Muhammad, fija una medida vinculante para el hombre y la mujer musulmana: Hay que evitar vestir prendas ceñidas. “Las chilabas y caftanes son un opción, pero también pueden vestirse faldas, blusas largas que tapan las caderas…”, comentó Ahmed. Otro dicho del Profeta dirigido a los hombres es el relativo a los pantalones. Según éste, la pata debe quedar por encima del tobillo y, durante el rezo, el creyente debe ocultar su nuca, de ahí la capucha en los trajes tradicionales musulmanes.
En cuanto al auge del uso del hiyab entre la población más joven de la barriada, los participantes en el debate apuntaron a que se trata de una “reacción de rechazo” ante la persecución que se ha emprendido contra quienes emplean esta prenda. Enfedal realiza la última reflexión: “La revolución femenina ha alcanzado un nivel tan elevado que hay quien se mete con aspectos culturales y se fija sólo en los matices pero no se preocupa en verlos con mayor amplitud”.







