miércoles, 29 de julio de 2009

Más jóvenes marroquíes, educadas en Catalunya, rompen con los dictados tradicionales de su país

En el nombre de Allah, Clemente y Misericordioso

"Madres e hijas ya forman un tándem contra el padre, que siempre se enroca"

Escribía el filósofo Ramin Jahanbegloo en su Elogio de la diversidad (Arcadia) que sin diálogo la diversidad es inalcanzable y sin respeto por la diversidad "el diálogo es inútil". Pero ¿qué ocurre cuando el diálogo falta en el seno de la propia familia? En una familia marroquí, por ejemplo, ¿qué ocurre cuando Amina crece?
La mayor parte de las ciudadanas de origen marroquí empadronadas en Catalunya actualmente son niñas de entre 0 y 4 años. Inmediatamente después de esta última oleada, la franja más numerosa es la que incluye mujeres entre los 25 y los 29 años (10.626, según los datos del Institut Català d'Estadística) seguida por la de 20 a 24 años. ¿Qué ha cambiado estos dos últimos decenios? ¿Qué les espera a las mujeres de estas dos generaciones?

Amina, cualquiera de las Aminas que podamos imaginar, es una joven marroquí que ha crecido en Catalunya. Aquí ha sido educada, a la occidental, en la escuela, en el barrio. Pero al llegar a la adolescencia, parte de su familia quiere que siga las costumbres más arcaicas que han regido en su comunidad durante siglos. A saber: desde la posibilidad de un matrimonio de conveniencia hasta los imperativos estéticos, pasando por la prohibición de elegir según qué trabajo o la obligación de regresar a su país. Amina, nuestra Amina, Nadia o Fátima, se niega y ahí empieza la quiebra familiar. Una quiebra que, según sociólogos, sólo podrá sanar dentro de varias generaciones.

La oficina en Barcelona de la Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes en España (Atime)considera que "eso ha cambiado algo en los últimos años, pero aún existen pugnas y desencuentros entre padres e hijos". Ihsan, que trabaja allí, nos presenta a Meriem el Marji, una chica de 22 años. Meriem nació en el Sáhara Occidental, en Smara. Su padre trabajaba en el ejército y ella llegó a Catalunya con apenas 12 años.

Al principio, en la escuela fue durísimo: "El racismo que puede encontrarse una niña en un aula, a esa edad, resulta cruel. En una ocasión quisieron quitarle a mi hermana el pañuelo que llevamos en la cabeza y quemárselo, le decían que era calva y por eso lo llevaba, la rociaron con pintura de la cabeza a los pies". Al día siguiente decidí ir sin pañuelo a clase. Meriem cursó ESO y Administración y Finanzas. Trabajó un tiempo en el Ayuntamiento de Sant Andreu de la Barca, donde vive, y tiene pensado preparar oposiciones.

Pero hace apenas un año Meriem volvió a colocarse el velo. Dice sentirse madura para defenderse de situaciones como las que se ha encontrado: "Al estrenar un puesto de trabajo en más de una ocasión me han exigido que me quitara el pañuelo. O me echaban. Decían que mi imagen representaba a la empresa".

La antropóloga Marta Casas Castañé, de la Universitat de Barcelona, es autora de un estudio sobre Identidades de segundas generaciones de inmigrantes. "La identidad no es una cosa innata, ni única, sino que se va forjando a lo largo de nuestra vida –explica Casas– con nuestras experiencias y nuestros aprendizajes". Estos jóvenes, pues, cargan con una identidad móvil –¿qué soy y qué quiero ser?, ¿de dónde vengo y adónde quiero ir?– y muchas de sus acciones son el resultado de adaptar la nueva sociedad en la que viven a las antiguas tradiciones de las que proceden.

Para la antropóloga, que coordinó el programa de la asociación sociocultural Ibn Batuta, resulta evidente que nuestra identidad individual no está formada por una sola pertenencia: "No somos sólo catalanes, o mujeres, o de clase media, sino todo a la vez. Eso nos lleva a hablar no de una identidad única, sino de varias identidades que cada uno de nosotros tenemos y que articulamos en función de cada momento". Cuando un adolescente se enfrenta a esas distintas identidades es cuando estalla el conflicto con sus mayores.

Meriem piensa casarse con quien quiera. Al margen de la opinión de sus padres. "Ciertamente, en la cultura marroquí se montan bodas convenidas desde que una niña tiene, a lo mejor, 10 años. Conozco varios casos así. Aunque a ella le guste otro chico, el padre le dice: "Ni hablar, tú te casas con tu primo". Pero yo ya no voy a pasar por eso. Mis padres han entendido que quien vivirá con esa persona seré yo, luego yo debo elegir". Insiste en que, cuantos más años lleva una chica marroquí en Catalunya, mejor, porque significa que también esos años han hecho mella cultural en sus padres. "A más tiempo aquí, más entienden". Le preocupan más las miradas xenófobas que las premisas familiares. "Porque contra las miradas de quien te prejuzga no puedes hacer nada. Con la familia ya sabes cómo batallar".

Pero no siempre es así. Meriem conoce casos de chicas que se han alejado de sus familias. "Al final decides por ti misma en todo: es tu ropa, tu religión y tu marido". Cree que va a acabar viviendo con un musulmán, "mis amigas que han formado parejas mixtas siempre han empezado de maravilla pero, pasada la luna de miel, se acabó: la religión los separa. No sale bien".

Teresa Losada, presidenta de Bayt al Thaqafa, lleva 35 años trabajando en cuestiones de inmigración. Cree que habrá un cambio en un par de generaciones. "Hasta que la mayoría de emigrantes haya pasado por la universidad no podremos hablar de integración. Sólo de acomodación, de adaptación".

Losada señala un fenómeno nuevo: la alianza entre madres e hijas. "Antes la chica se quejaba, la madre callaba y el padre decidía. En los últimos años estoy viendo algo distinto: madres e hijas marroquíes se alían, forman un tándem de complicidad, contra la rigurosa figura del padre, que siempre es quien se enroca, se encierra en su tradición. Para él cualquier cambio a la modernidad es de vértigo. Aliadas madres e hijas, ya no veo matrimonios forzados. Ya no son las chicas frágiles de antes y no se casan a los 16, se casan a los 25".

Insiste en que no sólo las adolescentes han cambiado de perspectiva. "Los padres también cambian viviendo entre nosotros. Saben que si aspiran a la ascensión social deberán modificar conductas, o de lo contrario deberán volver a su tierra". Actualmente, el principal desencuentro entre esas jóvenes y sus padres "no es el novio que se echen, sino que quieran estudiar en la universidad mientras los padres las instan a trabajar".

La escritora Najat el Hachmi afirma que los padres también están cambiando. "He visto padres que aceptaban cosas que hace quince años habrían vivido como una gran tragedia, como que su hija tenga una pareja de aquí". Los divorcios han aumentado, insiste, cuando el matrimonio es forzado, "por eso es una práctica que no se lleva a cabo ni en Marruecos, pero los padres siempre te instan a que busques un chico de allí, desesperados por conseguir que dirijas tu mirada hacia tu origen. Tienen miedo, saben que la sociedad de acogida nunca verá a sus hijos como iguales".

También destaca El Hachmi que si la práctica de los matrimonios convenidos ha resucitado en los últimos años "es por la inmigración. Chicos y chicas tienen por objetivo traer más familiares de allí. Pero a menudo esta fórmula también acaba saliendo mal: después de obtener los papeles, el buen chico de allí acaba abandonando a la chica".
Mariem El Markhi, de origen marroquí, en la plaza Blasco de Garay / ANA JIMENEZ
Sentada aquí, en una plaza del Poble Sec, Meriem sigue encajando las miradas curiosas de quien pasa, directas a su velo celeste. "Siempre ocurre lo mismo. Juzgan injustamente, sin darte la oportunidad de que te conozcan. A veces vas a preguntar una dirección y, en cuanto notan que vas hacia ellos, desaparecen. Para algunos seguimos siendo unos moros con los que no quieren sentarse en el vagón del metro".

La mujer musulmana pisa fuerte... aunque en España sigue coja

En el nombre de Allah, Clemente y Misericordioso

- La marginación impide el acceso de la mujer musulmana a la vida pública española.
- Ellas mismas señalan la falta de trabajo como el principal problema de su vida cotidiana.
- La mayoría defiende el uso del hiyab y asegura que no lo lleva por obligación.

Por EUGENIA REDONDO (SOITU.ES)

La condición de la mujer musulmana está cambiando. Señalada por Occidente, que la considera sometida al hombre en una cultura machista, se mueve entre su propia religiosidad, busca su espacio y demuestra que no hay una, sino miles de formas de ser musulmana. Así, encontramos verdaderos mitos como Neda y otras mujeres luchadoras en el conservador Irán, féminas tan liberadas como la 'candidata sexy' a las municipales de Marruecos —donde por cierto, se estableció por primera vez en la historia una cuota del 12% de los cargos sólo para mujeres—, o glamourosas y poco corrientes como la ministra francesa de Justicia, Rachida Dati. De hecho, hace tan sólo unos días juraba el cargo —con hiyab incluido— como diputada al Parlamento belga una mujer de religión islámica. Pero todavía queda mucho camino por andar. Incluso en España, donde presumimos de igualdad de derechos y paridad en la vida pública, la realidad no es nada halagüeña para la mujer musulmana. Hablamos durante varios días con algunas de ellas, que nos cuentan sus problemas y las dificultades para una vida pública normalizada en nuestro país.

Trabajo, trabajo y trabajo. O mejor dicho, la falta de él. Todas coinciden en que ahí está el principio de sus problemas. De mujeres musulmanas en la política española —que las hay, pero son muy pocas— ya se verá más adelante, opinan ellas. Todavía tienen demasiados pequeños pasos que dar antes de pensar en diputadas o ministras de su misma religión en la política nacional española (y eso que se calcula que la comunidad musulmana en nuestro país oscila entre 500.000 y 800.000 personas).

Abir, tunecina de 28 años, se mira en el espejo. Se coloca el escote mientras piensa en su pelo. Si no quiere llamar la atención cuando vuelva a su país en unas semanas, tendrá que dejar que le crezcan las mechas cobrizas que lleva, ya que ella no usa el polémico hiyab ni aquí ni allí. Abir lleva cuatro años en España. Vino a estudiar el doctorado con una cuantiosa beca que el Ministerio de Asuntos Exteriores destina a los profesionales más válidos de cada país. Es filóloga, tiene un máster en Derechos Humanos y, además de dominar perfectamente el idioma de la 'antigua metrópoli', habla tan bien el castellano que más de una vez la han confundido con española o latinoamericana.

Ella también piensa que la condición de la mujer en Europa es muy diferente de la de la mujer en su país; le parece que es más libre. Eso sí, subraya que cada país vive una realidad diferente y eso también es aplicable a la igualdad y al género. "Los españoles siempre hablan del machismo del Islam, pero en los países musulmanes hay muchas mujeres que son políticas, juezas y profesionales de todo tipo, incluso presidentas, como en Pakistán o en India, el tercer país con más musulmanes del mundo", señala recordando el revuelo que se formó en España con el nombramiento de una mujer (embarazada) al frente del Ministerio de Defensa.

Su hermana también salió de Túnez hace años destino a Francia —donde Sarkozy ha dicho que prohibirá el burka— para nunca volver. "Ahora ella es francesa; lleva la misma vida que una mujer europea", cuenta. Pero, a pesar de su perspectiva de género del mundo, de la sociedad y de su propia religión, Abir no seguirá sus pasos. No ha encontrado en España lo mismo que su hermana encontró en Francia y se vuelve por donde ha venido porque ella, además, tiene la suerte de contar con una posición social privilegiada. Evidentemente, su realidad es una minoría dentro de la de las mujeres que profesan el Islam residentes en nuestro país.

El espectro es muy amplio, pero si hubiera que definir el perfil más habitual de la mujer musulmana en España, se correspondería con el de una inmigrante marroquí, por lo tanto, árabe, de escasos recursos y en la mayoría de los casos con los papeles en regla. Por lo general, estas mujeres carecen de estudios y tienen problemas para aprender el idioma por una sencilla razón: si no tienen trabajo, su vida social se reduce a su familia —normalmente marido o hermanos— y a su casa. Así, no resultan extraños sus obstáculos a la hora de incorporarse al mundo laboral, aunque esta situación afecta a mujeres de preparación y condición socioeconómica muy dispares.

Más o menos así son las mujeres que acuden a las clases de español organizadas por la Oficina de Derechos Sociales (integrada en la red Ferrocarril Clandestino) del centro social Seco, en Madrid. Me siento con ellas mientras disfrutan de música y un trozo de tarta en la fiesta de despedida antes de las vacaciones. Fátima y Amina (nombres ficticios) me miran con los ojos como platos cuando comienzo a preguntarles. No hablan bien el castellano, pero hacen un esfuerzo por entenderme y explicarse. Las dos no dudan cuando señalan su principal preocupación desde que llegaron a España: aportar un sueldo en casa.

Fátima es la más joven. Su rostro es bellísimo y a pesar de sus escasos 22 años, su mirada transmite calma e inteligencia. Se queja del tipo de empleos que se ven obligadas a aceptar las mujeres de su país, casi todos relacionados con el servicio doméstico. "Yo tengo estudios (además de hablar francés perfectamente y haber aprendido español a pasos agigantados). Me gustaría encontrar trabajo de otra cosa, pero no lo encuentro", cuenta. A pesar de todo, se siente bien en Europa. Cree que es normal que la mujer musulmana todavía no forme parte de la vida pública española, pero siente que aquí puede ser más libre que en su país. "Allí no podemos salir solas a la calle. Siempre tiene que venir un familiar con nosotras", cuenta, y asegura que aquí lleva una vida normal, como todas las chicas.

La realidad de Amina es diferente. No está casada —"estoy buscando marido", me dice entre risas— y además no tiene los papeles. "Las cosas están muy difíciles en España, incluso para los propios españoles. No encuentro trabajo ni siquiera de empleada del hogar porque la gente no tiene dinero para contratar a alguien", analiza. Entre susurros, sus profesoras me ayudan a entender el gran problema de esta mujer que debe andar rozando la treintena. Vive con su hermano, que la protege exageradamente, hasta el punto de que "cambia de canal cuando aparece alguna escena que él considera que Amina no debe ver. Él manda en casa", señalan Merche y Mina, que no sólo dan clase a estas mujeres, sino que se han convertido prácticamente en sus confesoras y confidentes.



Así, las profesoras revelan lo que ellas no quieren contar, como que sus maridos —o hermanos, como el caso de Amina— no les dejan ir solas a clase, sino que las obligan a ir en grupo o ellos mismos las llevan hasta la puerta. Para ellas, esto es lo más normal del mundo, al igual que la negativa de un padre a que su hija de 12 años bailase en la fiesta de la que disfrutan mientras me cuentan su vida. "Le dijo a su mujer —que sí quería que la niña actuase— que en el público iba a haber muchos hombres musulmanes". Tanto Merche como Mina opinan que un trabajo, y la consiguiente independencia económica que adquirirían, les ayudaría a mejorar sus situaciones personales, a veces complicadas por la presencia en casa de más familia, como "sus suegras, que pueden llegar a ser más conservadoras que el propio marido". A Amina, que asegura que no lleva el velo por elección y para encontrar trabajo, su hermano la obliga a llevarlo cuando sale con él.

Las dos voluntarias de Seco creen que el cambio debe hacerse desde el respeto, pero apoyado con políticas públicas. Según ellas, el verdadero mérito de estas mujeres es su capacidad de buscarse su espacio, de hacer grupo con otras mujeres para ayudarse a superar sus problemas y hablar de sus cosas. "Se crea un clima muy especial entre ellas", asegura Mina, mientras contempla cómo se ríen y conversan alegres. Lo cierto es que en España las musulmanas no están especialmente organizadas, aunque no están al margen de la estructura del colectivo islámico. Destaca la emblemática Unión de Mujeres Musulmanas de España , dedicada a reivindicar el activismo feminista dentro del Islam.

El problema es que la preparación y la situación socioeconómica de muchas de estas mujeres las mantienen al margen de los colectivos más militantes. Ellas, mucho más que ellos, compensan este vacío acudiendo a otro tipo de ayuda más directa y cercana. No sólo se interesan más por perfeccionar el idioma como las mujeres que nos encontramos en el centro Seco, sino que están más dispuestas a acudir organizaciones, asociaciones o centros especializados a que les echen una mano a la hora de encontrar empleo o superar sus barreras lingüísticas o de integración. Lo comprobamos tras un rato en la Asociación Solidaria para la Integración Sociolaboral del Inmigrante (ASISI), donde durante toda la mañana prácticamente sólo acuden mujeres.

Las más vulnerables a la marginación

Hace tan sólo un mes una lista elaborada por la Agencia Europea de Derechos Fundamentales (FRA) y presentada por la Casa Árabe sobre los países del Viejo Continente más discriminatorios con aquellos que profesan el Islam, situaba a España en un vergonzante quinto puesto, sólo por detrás de Malta, Italia, Finlandia y Dinamarca. Según este estudio, el porcentaje de musulmanes que han sido rechazados en nuestro país por su religión llega a ser del 40%.

Sadima, con sólo 20 años, 18 de ellos residiendo en España, da buena cuenta de ello. Aunque lleva más tiempo aquí que en su propio país, no ha conseguido llevar una relación normal de amistad con personas españolas. "Me llaman mora de mierda", relata asegurando que no le importa en absoluto mientras sus ojos se empañan diciendo todo lo contrario. Sólo quiere casarse con un musulmán para formar una familia, superar sus traumas de la adolescencia y encontrar un trabajo lo antes posible. Está a favor del uso del hiyab —"forma parte de mi cultura", asegura—, pero no se lo pone por miedo a ser discriminada al primer vistazo mientras está buscando trabajo.

Lo mismo explica Bea, como la conoce todo el mundo, que no está pasando un buen momento. Con el rictus amargo y atropelladamente explica las continuas vejaciones que ha sufrido desde que llegó a Madrid hace 13 años, después de haber vivido otros tantos en Ceuta. Si en vez de en una sala de un centro social estuviéramos en una terraza cualquiera de Madrid, nadie sabría decir quién de las dos es la española. Luce con estilo unas gafas de sol en la cabeza con las que se sujeta el pelo. Nada de pañuelos. Prefiere no llevar algo que marque la diferencia.

Bea reconoce que después de 26 años fuera de su país, Marruecos, no sabe muy bien cuál es la realidad de las mujeres allí. A pesar de todo, si no fuera por el trabajo, volvería sin dudarlo. Pero su realidad es la que es y Bea es consciente de que es necesario normalizar la situación de los musulmanes en España, sobre todo de las mujeres. "¿Por qué no puede ser aquí como en otros países europeos como Francia o Bélgica, donde hay muchos musulmanes y musulmanas en la política?", se pregunta citando los casos de la diputada belga y el de Dati. Y eso que con esta última tiene muy poco en común. Ferviente religiosa, a Bea, de mediana edad, no le da vergüenza reconocer que es virgen, ya que todavía no se ha casado, una elección vital muy diferente a la de Rachida Dati, que no sólo no está casada, sino que es madre soltera.

Tener un hijo sin estar casada es prácticamente una quimera para la mayor parte de estas mujeres, pero no sólo por sus creencias religiosas, sino por su situación económica. Nos lo cuenta Farhannah, que acaba de aterrizar en Madrid tras separarse de su marido, con quien vivía en una localidad catalana hasta que la situación entre ellos se hizo insostenible. Según ella, vivir sin marido es muy complicado para las mujeres en su situación, "tanto en España como en Marruecos". Su español es tan precario que a duras penas es capaz de tejer una sola frase. Amira, una de las mediadoras interculturales de ASISI, nos sirve de intérprete. A través de ella, Farhannah explica cómo ha empezado una nueva vida sin trabajo, sin conocer el idioma y con el apoyo de algunos familiares residentes en Madrid.

Farhannah, que apenas lleva un año en España, sigue usando el velo. De momento no quiere quitárselo, pero es posible que tenga que hacerlo. "La mayor parte de esas mujeres lo acaba haciendo porque si no no encuentran trabajo", señala Amira. Ella tampoco lo lleva. Viste una camiseta hippy y unos vaqueros y luce una larga melena rizada. Le pregunto y sonríe: "Lo he elegido así".

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Una joven musulmana y ciega utiliza un poni como lazarillo porque según el islam la saliva del perro es impura

En el nombre de Allah, Clemente y Misericordioso

Si el perro está considerado como el mejor amigo del hombre, especialmente para las personas con visión deficiente, un nuevo pretendiente al título ha entrado en la liga: el poni enano. Es el mejor amigo de Mona Ramuni, una musulmana ciega de 29 años. Esta pequeña hembra, llamada Cali, tiene la talla de un perro grande pero solo pesa 45 kilos y parece un poco más achaparrada. Tal vez también un poco más astuta, sobre todo cuando intenta abrir el bolso de las golosinas que su dueña, que vive en Dearborn (Michigan), lleva siempre en la cintura. Mona, con un punto de orgullo en la voz, constata con sorpresa los progresos de esta pequeña hembra baya de crines negras. «En muy inteligente. Sabe de qué lado están las zanahorias», asegura.
Una suerte
Cuando se es ciega y musulmana como Mona, tener un poni como guía es una suerte. Y no solamente porque su esperanza de vida es de 30 años, frente a los 12 de un perro. Sobre todo, por razones religiosas.
Los padres de Mona, inmigrantes jordanos y fervientes musulmanes, han rechazado siempre admitir un perro en su casa. Su saliva está considerada impura por las enseñanzas del islam.Y pese a que los Ramuni son poco partidarios de tener animales domésticos en su casa, han aceptado finalmente la presencia del poni, que vive en un pequeño cercado en el jardín. Los vecinos, sin embargo, son más reticentes a aceptar a este caballito en miniatura en el barrio. Uno de ellos ha intentado convencer al Consejo Municipal de Dearborn de que prohíba a Mona tener al animal en casa. La joven ha recibido también una serie de correos insultantes sobre las creencias religiosas de su familia.
Estos obstáculos llegan después de los incontables esfuerzos por encontrar un caballo adecuado, un adiestrador, y aprender a ocuparse de Cali y de domesticarla.Comprada cuando tenía cuatro años, Cali ha recibido una formación de siete meses para aprender a golpear con su pezuña el suelo y advertir de la existencia de un obstáculo. A subir y bajar de coches y autobuses, e incluso a reagrupar objetos desperdigados que luego Mona recoge.
Estos esfuerzos han sido recompensados por un resultado gratificante: «Antes de tener a Cali tenía miedo de desplazarme sola, incluso si se trataba de algo que estaba a mi alcance. Ahora he evolucionado hacia otro mundo. Percibo las cosas de manera diferente y tengo la impresión de tener muchas más capacidades», explica Mona.
Visibilidad social
Más que una ayuda práctica cotidiana, el poni se ha convertido en un verdadero vehículo de socialización. Cali atrae la atención de los paseantes, que se interesan por el animal y no dudan en entablar conversación con su dueña. Mona se siente ahora visible ante los otros.Existe una ley estadounidense destinada a favorecer la integración de las personas con minusvalías para protegerlas contra la discriminación. Esta norma exige que comercios, restaurantes y hoteles autoricen la entrada de sus animales. Pero todavía es más difícil introducir al poni en la categoría de animales aceptables.
Mona aún corre el riego de que las autoridades le retiren el permiso para tener a Cali en su jardín. «Si me la quieren quitar, tendrán que arrancarme las riendas de las manos», afirma. Esta joven, pese a todo confiada, que espera conseguir un doctorado en psicología de la infancia y abrir su propia consulta, aspira simplemente a llevar una vida normal.

domingo, 19 de julio de 2009

Un país laico. ¿El país perfecto?

En el nombre de Allah, Clemente y Misericordioso

Assalamu aleikum wa rahmatullah wa barakatuh

Un saludo a todos mis lectores!!!!!!

Me gustaría que supieran mi opinión sobre algo que tanto he escuchado en radio, televisión, institutos...

He leído y escuchado en muchas ocasiones que lo mejor es que un país sea laico. Es la solución a todos los problemas ¿Por qué? Las respuestas más comunes son:
“Para evitar discriminación" "Libertad"...

“Para evitar discriminación" "Libertad"...
Estupendo!!! Para evitar que la gente me discrimine por mis creencias, por mi forma de vestir... tengo que ser al gusto de los demás, es decir, dejar de ser yo, para ser otra persona para que los demás no me discriminen. Pero eso en el tema religioso.
¿Pero alguien ha pensado en la discriminación que sienten por ejemplo los góticos? Esas personas tienen los mismos problemas que los musulmanes por ejemplo. Y que un país sea laico o no, van a seguir sintiendo discriminación. ¿Qué hacemos con esas personas?
Entonces... ¿La solución es que un país se haga laico para resolver el tema de la discriminación? Yo creo que no.

Si un niño le gusta tirar al suelo todas las figuritas de la casa ¿Cuál es la solución? ¿No poner ninguna figurita en casa para que el niño no las tire? No, lo normal sería enseñarle que no se deben tirar al suelo y que aprender a respetar las normas y las cosas de la casa.

Una persona adicta al tabaco, o a cualquier droga ¿Cuál es la solución para que lo deje? ¿Desaparecerlo del mercado para que no caiga en la tentación? ¡NO! La solución es que esa persona sea consciente que no es bueno para su salud y que seguirá viendo el tabaco en todos los kioscos, bazares, bares, restaurantes... pero no debe fumar si realmente se quiere así mismo.

¿La solución para que no haya discriminación es desaparecer los signos religiosos?
¿Y cuál sería la solución para evitar las violaciones y violencia de género? ¿Matar a todas las mujeres para evitar que hagan esos "actos"?

Está claro que las personas que apoyan que un país sea laico son porque es ateo o porque su religión no es algo que se pueda ver en su físico. Son personas egoístas que sólo piensan en ellos. "Como a mí no me afecta..."

La solución no es hacer un país laico, la solución es hacer un país aconfesional. Enseñar a sus habitantes lo que significa el RESPETO de una vez por todas. Y no sólo hacia una religión, sino hacia TODO.

Cada persona es LIBRE de SER quien QUIERE ser, vestir como quiera vestir, comer lo que quiera comer, practicar lo que quiera practicar, comprar lo que quiera comprar...resumiendo en 4 palabras: SER QUIEN QUIERE SER.
Y si nos quitan eso... ¿En qué nos convertimos? ¿En borregos que siguen un rebaño? ¿No hay ya demasiada gente que hace eso, como para que un país entero lo haga?
¿Qué hacemos con las palabras LIBERTAD, RESPETO...? ¿Las borramos del diccionario de la Real Academia Española? ¿Para qué tenerlas si no se ponen en uso no?

Si perdemos ser nosotros mismos... lo perdemos todo.

sábado, 18 de julio de 2009

Musulmanes de EEUU rechazan ley estatal que prohíbe velo islámico a docentes

En el nombre de Alah, Clemente y Misericordioso

16 de Julio de 2009, 09:56pm ETWASHINGTON, 16 Jul 2009 (AFP) -

Un proyecto de ley que prohíbe a docentes de escuelas públicas del estado de Oregon vestir "prendas religiosas", como el velo islámico, fue rechazado enérgicamente el jueves por una importante organización de defensa de los musulmanes en Estados Unidos.

"Esta legislación obliga a los musulmanes, judíos, sijes y otros a elegir entre su fe y la docencia", deploró Ibrahim Hooper, portavoz del Consejo de Relaciones Islámico-estadounidenses (CAIR, en inglés), sobre el texto aún pendiente de sanción del gobernador de Oregon (noroeste).

"El mero uso del velo no es proselitismo. Es una declaración de fe. Practicar la fe es un derecho garantizado por la Constitución", enfatizó.

El proyecto de ley señala que "ningún maestro en ninguna escuela pública debe usar prendas religiosas mientras cumple sus tareas como docente".

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lunes, 13 de julio de 2009

domingo, 12 de julio de 2009

Londres: Segunda musulmana asesinada en una semana en Gran Bretaña

En el nombre de Allah, Clemente y Misericordioso

Una segunda musulmana ha sido asesinada de bala en menos de una semana en Manchester, Gran Bretaña.

De acuerdo a la Unidad Central de Información, los medios de comunicación británicos han escrito: «Una joven musulmana de 21 años, Mohammad Joneyd Khan ha sido asesina de bala en un estacionamiento en la región de Manchester.»

La Sra. Nacer Hussein, otra musulmana de 30 años ha sido asesinada de bala el sábado 4 de julio en una tienda de Salford, en la región de Manchester

La policía británica ha aumentado el número de sus elementos en la región de Manchester, anunciando que no ha encontrado relación entre los dos asesinatos.

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Los valores de las mujeres del desierto

En el nombre de Allah, Clemente y Misericordioso



De izquierda a derecha, Metu Mohamed Fadez y Ejnaza Chej Said. jesús farpón

«La mujer saharaui en los campamentos de refugiados juega un papel fundamental; aportamos estabilidad y trabajo a nuestras familias y a nuestra comunidad. Somos la columna vertebral de la sociedad». Así lo aseguró a este periódico Metu Mohamed Fadez, que es secretaria general de la Unión de Mujeres Saharauis en el municipio «27 de febrero».
Metu Mohamed Fadez, que llegó a Oviedo esta semana junto a la enfermera Ejnaza Chej Said, acompañando a los niños que participan en el programa de acogida «Vacaciones en Paz», considera que las mujeres saharahuis son un oasis dentro del Islam. «Tenemos las mismas libertades que las mujeres occidentales y gozamos de todo el respeto de nuestros hombres y de la sociedad en general».
Las dos representantes de las mujeres saharauis también tuvieron un momento para dejar claro cuál es su papel real dentro de la familia. «No queremos ofender a los hombres saharauis, pero en nuestras casas la última palabra la tenemos nosotras; imaginamos que igual que ocurre en España», comentaron entre risas.
Pero el gesto de Metu Mohamed Fadez y de Ejnaza Chej Said cambió totalmente a la hora de hablar de la vida de las mujeres saharauis en las ciudades ocupadas por Marruecos. «Fuera de sus casas están totalmente oprimidas. No tienen ningún derecho, ni siquiera el del trabajo», explicó la primera de ellas, aunque puntualizando que dentro de su casa son respetadas por sus familias.
Ambas mujeres quisieron también dejar constancia de su «agradecimiento» tanto a la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui en Asturias y al Ayuntamiento de Oviedo, igual que otros de Asturias, «que nos apoyan y asisten de una manera ejemplar y continuada».
De forma especial la enfermera Ejnaza Chej Said agradeció la ayuda sanitaria que periódicamente les llega desde Asturias, tanto por el personal sanitario que les asiste como por los medios hospitalarios que les facilitan, desde ecógrafos a ambulancias.
«Nuestra vida en los campos de refugiados desde el punto de vista sanitario no es fácil. En invierno tenemos muchas enfermedades respiratorias, y en verano el agua ocasiona muchísimas diarreas. Los más afectados son, como siempre los ancianos y niños».

jueves, 9 de julio de 2009

Terrorista, ¿quién es el terrorista ahora?

En el nombre de Alah,Clemente y Misericordioso

Durante estos últimos días ha habido manifestaciones en El Cairo, Alejandría y otras ciudades no egipcias. También en Alemania, donde un hombre asesinó a una joven musulmana brutalmente. Hoy los musulmanes se preguntan ¿quién es ahora el terrorista?


Marwa, la joven asesinada

Un día, Axel decidió insultar a Marwa, una musulmana que se paseaba tranquilamente por la calle con su velo puesto. Le dijo 'terrorista'. Fue en Dresde, Alemania, un país que tiene impuesta la prohibición del uso del velo a maestras y funcionarios públicos en cuatro de sus estados. 750 euros fue la multa que en un principio impusieron a Axel por dicha acción. Durante el juicio, Axel se lanzó contra Marwa asestándole 18 puñaladas que provocaron su muerte... en pleno juicio

La reacción saltó en cadena. Aquí en Egipto, muchas han sido las manifestaciones que han surgido. La joven egipcia recibió un funeral especial en su ciudad natal, Alejandría. "Era una chica muy inteligente", recuerdan sus compañeras de colegio.

No sólo eso, también se han creado varios grupos de apoyo en Facebook y son cientos los mensajes que se intercambian en esta y otras plataformas de internet en declaración de principios: Tenemos el derecho de llevar nuestro pañuelo. Y, lo que más nos concierne a los medios de comunicación: ¿por qué los medios no se han hecho eco de esto?

Llueve sobre mojado, ya que justo hace unos días Sarkozy se permitió alzar su opinión sobre el uso del burka: es un símbolo de sometimiento de las mujeres. Muchas se animan a contestar al presidente del país de la libertad, la fraternidad y la igualdad... olvidando que es también el país de la laicidad: ¿Cómo se atreve a decirnos eso?

En España existe un vacío, a veces aplaudido, con respecto al uso del velo en los espacios públicos. Otros países ya han hecho sus regulaciones: Alemania, Turquía, Reino Unido, Rusia, Italia, Bélgica u Holanda. ¿Necesitamos nosotros también una? Déjenme recordarles una cita del célebre orientalista Edward Said: El Derecho es otra arma de dominación cultural.

Si hablamos de los medios de comunicación, efectivamente el tratamiento del Islam es a veces ridículo, demuestra desconocimiento, infravaloración del tema o poca profundización. Si bien hoy en día el tiempo es oro y el espacio también: una noticia se resume a los hechos (las 5 Ws) y sus antecedentes... poco más. La buscada objetividad puede resultar un arma de doble filo donde los expertos de leer-entre-líneas se hagan de la noticia su propia cruzada.

En Canadá, un país con un alto número de inmigrantes musulmanes (que hizo además plantearse a algunos la imposición de la sharia o ley islámica), existe un manual periodístico de cómo tratar el Islam. Aunque en el día a día quizás parezca que no, existe.

En España también hay un vacío. El jefe de la cadena británica BBC dijo un día que el Islam debía ser tratado de forma más sensible que el Cristianismo. Enseguida recibió duras críticas.

Mientras tanto, como es de esperar, las respuestas por parte de la comunidad musulmana son de profundo pesar. Marwa es ahora para muchos la mártir del velo (Shahida al hiyab), por representar la libertad de llevarlo y de... morir por ello.

Para muchas musulmanas, el velo (o hiyab) es más que un símbolo religioso, es una manifestación cultural. La extendida y creciente islamofobia en Europa impulsa a llevar el velo, pero también a tener miedo de llevarlo.

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sábado, 4 de julio de 2009

"El rostro debe ir descubierto. Nos identifica"

En el nombre de Allah, Clemente y Misericordioso


ENTREVISTA: ALMUERZO CON... MAHINUR ÖZDEMIRLa diputada belga no quiere dictaduras de la ropa. Ni en Europa ni en Irán

Mahinur Özdemir provocó una pequeña tormenta política hace unos días cuando juró su escaño como parlamentaria regional de Bruselas con la cabeza cubierta, como pide el Islam que practica. Es la primera vez en Europa que se da un caso semejante. Aquellos truenos apenas se dejan oír ya, lo que se corresponde muy bien con la radiante Özdemir, universitaria de 26 años y clase media, belga de tercera generación con ascendencia turca que llega apresurada a la cita y cuando habla echa por tierra todos los estereotipos sobre los musulmanes. "Si no se me viese la cabeza, nadie hubiera dicho nada sobre mí", reconoce, aún sorprendida por el interés internacional que ha suscitado.

Ha elegido el restaurante turco La Sublime Porte, por ser "una mezcla de Oriente y Occidente". Explica en qué consisten los diferentes platos de la carta y para ella se pide izgara levrek (lubina a la plancha), acompañada de Coca Cola light y luego de agua, porque el día es caluroso y ella va cubierta como no lo iría ninguna chica de su edad que no fuera musulmana. Se le ilumina la cara a la hora del postre, que será izmik (un pastel de sémola). Özdemir es menuda, de rasgos finos, piel clara y vivos ojos oscuros discretamente realzados con una sombra a juego con su delicado velo violeta, al que ella prefiere llamar pañuelo.

Tomó la decisión de cubrirse la cabeza de la noche a la mañana cuando era adolescente. A sus padres, también musulmanes, no les hizo gracia, ni tampoco a la abuela, temerosa la familia del efecto que pudiera tener esa ostentación en su entorno social, que tiende al laicismo. Mahinur es la mayor de cinco hermanos y su única hermana no porta el velo. "Yo he tenido suerte. Quizá porque sonrío mucho, hablo con la gente, me entiendo bien con todos".

Se cubrió la cabeza por convicción religiosa y siempre se ha sentido cómoda. En un par de ocasiones se ha planteado si dejarlo o no, para concluir que "con el pañuelo soy yo misma".

"No tiene que haber una dictadura de la vestimenta", apunta. "Ni para imponerla ni para prohibirla". Ni en Bélgica ni en Irán. El debate que se da en Francia sobre la burka y el niqab, que fantasmagorizan a las mujeres, está ya resuelto en Bélgica por orden policial y en atención al orden público, a lo que ella asiente: "El rostro tiene que estar descubierto porque es el único modo de identificar a la persona".

Özdemir fue elegida en la lista del Centro Demócrata Humanista, heredero del antiguo partido democristiano francófono, al que se siente atraída "porque parte del ser humano para resolver los problemas". Es consciente de ser un modelo entre los de su religión y confía en servir de imán para sacarles de la marginación: "Cuando vean a una chica que ha tenido éxito, que está integrada y que lucha por una sociedad mejor".

Un reciente estudio sobre los belgas de origen marroquí ponía crudas cifras a esta marginalidad y ahondaba en las costumbres de una sociedad rural trasplantada a un ámbito urbano en el que la religión es el único refugio. Justo en el extremo opuesto está Özdemir. La parlamentaria no tiene nada que objetar a las relaciones sexuales prematrimoniales y sobre el matrimonio homosexual es taxativa: "Está en la ley belga".

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HRW critica la ausencia de mujeres musulmanas en el debate sobre el burka

En el nombre de Allah, Clemente y Misericordioso

Human Rights Watch (HRW) criticó este jueves que las voces de las mujeres musulmanas estén ausentes en el debate sobre el burka en Francia, un día después de que el Parlamento francés estableciera una comisión para analizar la extensión del uso de esta prenda en Francia y si es impuesto.

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La comisión estudiará si conviene diseñar una legislación para prohibir el uso del burka. Por su parte, el presidente galo, Nicolas Sarkozy, ha dejado en manos de los diputados decidir sobre este asunto pero ha subrayado que el burka "no es bienvenido" en territorio francés, al entender que atenta contra "la dignidad de la mujer".

HRW equiparó la prohibición del burka a la imposición del mismo, como violaciones de la dignidad de las mujer. Para HRW, "una prohibición en Europa al uso del burka en la vida pública constituiría la misma violación de los derechos de las mujeres que quieren llevarlo que la imposición del velo a las mujeres que no quieren llevarlo, por ejemplo, en Irán o Arabia Saudí".

"Las mujeres musulmanas tienen que tener derecho a ir vestidas como ellas elijan, a tomar decisiones sobre sus vidas y religión, independientemente de que nosotros comprendamos o apoyemos esas elecciones o no", destacó HRW en un comunicado. La organización defensora de los Derechos Humanos reconoció que para muchas mujeres el burka y otras prendas que cubren el cuerpo femenino e incluso la cara son un símbolo de opresión y subyugación. Igualmente, admitió que en nombre de la tradición se tolera la violencia contra las mujeres en todo el mundo.

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