domingo, 20 de febrero de 2011

El reto de la mujer árabe: que no le roben su revolución

En el nombre de Allah, Misericordioso y Clemente

Demasiado tiempo han pasado las mujeres árabes poniéndose en el lugar que se les pedía (léase, atrás). Algo sorprendente (o no tanto), teniendo en cuenta que por su papel como pilar que sostiene la unidad familiar son probablemente las que mejor conocen los problemas que aquejan a sus sociedades. Ellas son las primeras en percibir el aumento de la inflación en los productos básicos; hacen malabarismos para llevar la economía casera y además, y, cada vez en mayor número, se incorporan al mercado laboral. Aunque, dicho sea de paso, lo hagan en inferioridad de condiciones económicas, en eso no difieren de sus hermanas de Occidente. Por eso, es fácil entender por qué las calles de Túnez y de Egipto, las dos grandes protagonistas de la actualidad internacional estas últimas semanas, se han llenado de féminas revolucionarias.

Ellas eran las que, lejos del discurso político, ponían los puntos sobre las íes de lo que llevaba a los ciudadanos a las calles. Ejemplos concretos pegados a la realidad. “Yo pago 600 libras (80 euros) al mes de alquiler y cobro 300”, me contaba Umm Yasir, una funcionaria de 33 años de El Matareya, una localidad del noroeste egipcio, en la plaza de Tahrir. La mujer decía que su esposo, también trabajador del Estado, ganaba lo mismo y que con eso tenían que vivir ellos y sus tres hijos. “Fuimos a ver el proyecto de Mubarak de casas para jóvenes y el precio mínimo por vivienda es de 160.000 libras. ¿Cómo voy yo a tener esta cantidad de dinero si el banco nos cobra un 80% de intereses?”, concluía.

En aquellos días todas parecían estar de acuerdo en que no era el momento de hacer luchas individuales. Ni siquiera por una cuestión de género. Las mujeres egipcias permanecieron en las calles junto a sus compañeros varones desde el primer minuto de la protesta. Las ancianas proveían de agua y bebidas de cola a los que sufrían los efectos del gas lacrimógeno, las madres, esposas y hermanas sujetaban las pancartas, llevaban a sus hijos a las manifestaciones o preparaban el avituallamiento. Ni un paso atrás. Codo con codo conquistaron juntos la plaza de la Liberación y allí durmieron, gritaron y se pasearon con sus hijos a hombros y sus demandas de democracia y libertad. Para muchas de ellas esta era su primera conquista. Sin embargo la Historia no deja de recordarles su papel en estas sociedades. Si bien han sido siempre parte de cualquier ariete reformador, casi siempre las post revoluciones han dejado en la estacada sus necesidades. La memoria es débil y sus esfuerzos en las calles suelen compensarse históricamente con el mapa de una sola calle que indica el camino de vuelta a casa.

Un camino que no deben aceptar si contemplan el panorama desesperanzador que tienen ante ellas y lo mucho que pueden conseguir. “La gente se equivoca al pensar que el velo es el principal problema de las mujeres en nuestros países. La falta de protección en el ámbito laboral, las desigualdades económicas o el desamparo en derechos sociales están muy por encima de la cuestión del hiyab”, destacaba la directora de cine egipcia Amal Ramsis durante una entrevista la semana pasada. “Por ejemplo, al no existir una ley civil para el matrimonio cada religión aplica su norma”, me comentaba la cineasta. Debido a eso las coptas, por ejemplo, no pueden divorciarse bajo ningún supuesto.

Los días de la revolución fueron un ejemplo de civismo y de respeto hacia las mujeres. “Sólo me siento segura cuando estoy en Tahrir”, me juraban muchas de ellas. “Nadie me ha tocado, ni me ha acosado, simplemente me siento una más”. La ausencia de acoso sexual fue un espejismo en un árido desierto que las mujeres árabes atraviesan a diario. En Yemen hasta un 90% han sido hostigadas alguna vez. En Egipto, según el estudio llevado a cabo por el Centro Egipcio para los Derechos de las Mujeres (ECWR, en sus siglas en inglés), lo son el 83% de las locales y el 98% de las extranjeras y hay un incidente de acoso sexual o violación cada 30 minutos que suma 20.000 víctimas al año, según el Centro Nacional de Estudios Sociales y Criminológicos. Mientras, en otros países como Líbano la cifra es sólo del 30%

"Las mujeres egipcias somos muy fuertes”, me decía hace unos días Tahany El Ghebaly que con 61 años es la única mujer que forma parte del Tribunal Supremo egipcio."Somos parte de esta nación y como tal hemos salido a pedir cambio”, resaltaba El Ghebaly, muy activa durante las décadas de los 70 y 80 en los movimientos obreros de protesta. La jurista es una firme defensora de los derechos de las mujeres y destaca que las "igualdades sociales y laborales, serán los principales retos a afronta" una vez iniciado el proceso de reforma.

Sin embargo ese proceso de reforma ha empezado a marchar dejando en el olvido una vez más a la población femenina. Huelga decir que en el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas no hay ninguna mujer. Pero no tanto que en el recién formado comité de reforma constitucional no haya representación femenina. Lo mismo que en la coalición de jóvenes (todos entre la veintena y la treintena), que está negociando la transición con el Ejército, donde hay sólo una mujer entre ocho varones. En su favor diré que a través de su herramienta más familiar, las redes sociales, han hecho diversos llamamientos a las féminas egipcias para rebajar esta desigualdad. Algo a pesar de los pesares, muy lejano de una integración real.

Los medios de comunicación también les han hecho un flaco favor a las madres e hijas de Egipto. Su presencia ha sido escasa o nula en el seguimiento de la revuelta e incluso después. Un famoso talk show árabe que llevó a cabo un debate tras la caída de Mubarak contó sólo con una mujer entre sus 27 invitados.

Las mujeres árabes deben apresurarse a exigir sus propios derechos. Deben organizarse y esforzarse en refrescar la memoria de su pueblo antes de que otros vuelvan a escribir una Historia que les robe su revolución.

Fuente

sábado, 12 de febrero de 2011

Kit de la virgen artificial

En el nombre de Allah, Misericordioso y Clemente

Primero quiero que lean esto y luego haré un comentario insha Allah.

M. Laure Rodríguez Quiroga
Opinion
Presidenta de UMME y directora de Torre de Babel IV Congreso Internacional de Feminismo Islámico

Recomendar no es sinónimo de prohibir, y muchísimo menos de descompensar la balanza


Recientemente se celebraba el Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina, una práctica que traspasa las fronteras de la lógica. Son muchas las razones que intentan justificar lo injustificable, entre ellas la disminución del deseo sexual femenino y en consecuencia una virginidad que mantendrá intacto el honor de la familia. Y es ahí donde quiero centrar mi exposición: en la institucionalización de la virginidad de las mujeres, especialmente en las comunidades musulmanas. Es así que todavía en demasiados países del Mediterráneo la cuestión de la virginidad (femenina, evidentemente) mantiene una arraigada preocupación. Muestra de ello es el requisito de pruebas vejatorias que revelen, no solo al contrayente, sino también al conjunto de la sociedad, que la novia se mantuvo “casta y pura” hasta el matrimonio.

Aún recuerdo el relato de una amiga tetuaní, quien contaba su dramática experiencia de juventud. A la mañana siguiente de la velada nupcial, su propia madre, sábana ensangrentada en mano, recorría las calles del pueblo alardeando orgullosa del “honor” de su hija. Pero, ¿es realmente el islam el responsable de estas prácticas? ¿o una vez más las tradiciones culturales patriarcales han tergiversado las fuentes para la liberación femenina que el islam propone? Ningún erudito ni exegeta podrá afirmar que en el Corán se recoge como requisito imprescindible la demostración de la virginidad, ni tan siquiera la obligatoriedad de mantenerse en este estado. Es cierto que la ética islámica recomienda tanto a hombres como a mujeres abstenerse de relaciones antes del matrimonio, pero recomendar no es sinónimo de prohibir, y muchísimo menos de descompensar la balanza recayendo la absoluta responsabilidad sobre el género femenino. Aun así, una fractura está recorriendo las relaciones de género en las comunidades musulmanas, agrietando los fundamentos de una práctica venerada y casi idolatrada. Un secreto a voces se abre paso entre las nuevas generaciones irrumpiendo en las noches de bodas una virginidad artificial.

No son pocas las jóvenes que, en vísperas del enlace matrimonial, recurren a una pequeña operación que borre las evidencias de sus relaciones prematrimoniales y mantenga una apariencias deforme. Durante mis años de estancia en Marruecos, observaba con perplejidad el continuo ir y venir de mujeres jóvenes en la consulta ginecológica que tenía frente a mi casa, especialmente en verano. Tras su puertas, estas chicas se sometían a la reconstrucción de un himen profanado tiempo atrás.

Hoy en día, está tomando protagonismo un producto “made in China” más accesible y económico. Momentos antes de la relación sexual, la mujer se introduce una cápsula en la vagina. Durante la penetración, ésta desprenderá un líquido rojo emulando la sangre que hará creer al orgulloso marido que la entrepierna de su cónyuge se mantuvo intacta hasta su llegada.

Esta falsa virginidad cimienta las bases de una pareja creada desde el engaño, como resultado de una desigualdad ancestral en la sociedad patriarcal. Es la manifestación de una desigualdad sexual cuyos efectos son estrictamente contrarios a la esencia islámica.

jueves, 10 de febrero de 2011

"No me siento menos musulmana por posar en bikini"

Assalamu aleikum wa rahmatullah wa barakatuh.

Hoy haciendo zapping vi en el programa de "Espejo público" que iban a presentar a una mujer musulmana que decía que se podía ser musulmana y miss.

Sí es cierto que denuncian cosas graves, como violaciones, maltratos, asesinatos y cosas parecidas. Y al final te acabas enterando de la vida de todo el mundo y de las cosas horribles que les pasan. No sé hasta que punto eso es correcto o no. Aunque sí veo correcto que utilicen ese programa para denunciar cosas muy graves e incluso te aconsejan cómo actuar en el caso de que te pase algo parecido.

Pero bueno, a lo que iba.

Farah Ahmed. Ex Miss Melilla,29 años y con una carrera de derecho.
Sale diciendo: "No me siento menos musulmana por posar en bikini o ropa interior"
En espejo público, como siempre, quisieron dar la imagen de que la mujer musulmana velada es una mujer oprimida, sin libertad alguna y que Farah es la mujer musulmana del siglo XXI. Es el tipo de mujer musulmana que quiere España que sean todas las musulmanas.

Le preguntan ¿La comunidad musulmana entiende este comportamiento?
Ella contesta que se le ha criticado mucho, por el hecho de ser musulmana, y por ello debe vestirme como tal, y cubrirse, pero recalca que sólo ha recibido críticas. En cambio en

el programa le preguntan, pero con un tono de afirmación, si ha recibido amenazas por parte de la comunidad musulmana.
¿Amenazas? Como siempre, intentando dejar a los musulmanes como terroristas, extremistas y de lo peor...

En el video se ve a Farah que entra a un bar a tomar unas cervezas con unos amigos. El video está muy bien hecho. Enfocan muy de cerca a uno de sus amigos bebiendo cerveza y luego enfocan las patas de jamón que hay de fondo en el bar y las botellas de vino. Que buen trabajo hacen estos periodistas!!!!

En el plató le preguntan sobre esa imagen. Cómo una mujer musulmana que no debe beber alcohol lo hace. Ella lo explica muy bien, porque dice que por el hecho de ser musulmana no quiere decir que haga todo lo que dice la religión. No todos los musulmanes hacen todo lo que la religión nos dice.

No sé porqué, pero siempre ven que por el hecho de ser musulmán, parece que tienes que tener la obligación de practicar a raja tabla lo que el Islam dice, sino lo haces, se burlan de ti y te encuentras típicas frases como:
-¿Porqué no comes cerdo si yo conozco a fulano que lo hace?
-¿Porqué no bebes alcohol si yo conozco un montón de musulmanes que lo hacen?
-Dicen que los musulmanes debes ayunar en Ramadán y mi vecino fulano no hace ramadán y bebe y come cerdo.

Estás gastadas y típicas frases son, desde mi punto de vista, frases que se dice sin pensar, o quiero creer eso en los mejor de los casos.

Como un musulmán bebe, todos tienen que beber, como uno come cerdo, todos tenemos que comer cerdo, si una no usa el velo, todas se los tienen que quitar.
Es decir, si se fijan, creen que debemos seguir lo que ellos siguen. Como uno se tira por un puente, todos tenemos que hacerlo.
Como la moda es ahora ir de rojo, tenemos que vestirnos todos de rojo.

¿Dónde está la personalidad de cada uno?
¿Acaso un musulmán es más libre que yo por comer cerdo? ¿No, tiene la misma libertad que yo, de elegir lo que quiere hacer con su vida?
¿Porqué sólo se hacen este tipo de razonamientos vacíos con la religión musulmana y no con la religión cristiana?, por ejemplo.


Yo podría decir, lo mismo de los cristianos. ¿Si hay tantos curas pedrastas, porqué no lo son todos?¿Si unos curas se casan porqué los otros no?¿Si tantos cristianos no comen cerdo (algo prohibido en la Biblia) porque hay vegetarianos que no siguen al rebaño? ¿Porqué las mujeres cristianas que rezan con el velo en la cabeza según dice la Biblia no se lo quitan como hacen todas?
¿No parece preguntas de bobos? Lo son.

Si un grupo de musulmanes no practican bien su religión, ¿porqué tengo que hacer yo lo mismo? ¿es que para integrarme en la sociedad tengo que revelarme a Dios y obedecer al hombre y así soy mas "chachi"? Me parece un pensamiento un poco "subdesarrollado".

Encima en el programa brindan por la musulmana del siglo XXI y le preguntan a Farah si no le parece fuera de lugar que una mujer con nikab vaya a una manifestación y pida libertad. (Refiriéndose al caso de Egipto).

Vuelven a dejar la imagen de que la mujer que se cubre no es libre, por tanto, no puede pedir libertad. Farah lo explicó muy bien. La mujer se cubre por voluntad propia, nadie la obliga y lo que piden no tiene nada que ver con el velo, piden una vida mejor para ella y su familia, menos paro, más empleo...

Entonces, por ese razonamiento raro que tienen...¿Si una mujer va desnuda por la calle tiene más derecho que yo a pedir, reclamar lo que quiera? ¿Tiene más derecho en España una mujer desnuda que una que se cubra?
Como siempre, dejan claro que la libertad se mide por el tamaño de tu escote. Vuelven a confirmarme la poca igualdad que hay, la mujer no deja de ser un trozo de carne que gana más valor cuanto más lo pierde...

Claro que una musulmana puede ser y hacer lo que quiera. Puede dedicarse a lo que quiera., modelo, dependienta, miss, comerciante, abogada o mujer de la vida. ¿Qué sea lícito o no según el Islam ciertas profesiones? Eso es otra cosa. Pero una musulmana es libre de hacer y deshacer con su vida lo que quiera, nadie le obliga a nada. Y cuando llegue el día del juicio final, ya le rendirá cuentas con Dios de las cosas que hizo, buenas o malas.

Pero no sólo la mujer musulmana, sino todo el mundo. Creo que tenemos suficiente capacidad para razonar y saber lo que está bien y lo que está mal.
Si una persona teme a Dios, hará caso a Dios, si una persona teme al hombre, hará caso al hombre, es así de sencillo.
Cada uno sigue el camino que quiere.

Una musulmana no debe posar desnuda, ni en bikini en una revista, ni en al televisión....Pero no sólo las musulmanas, sino todas las mujeres que se consideran practicantes de alguna de las tres religiones de Dios.

¿Que lo debe hacer? No
¿Que lo puede hacer? Sí

Repito que cada uno es libre de hacer con su vida, con su cuerpo y con sus creencias lo que mejor crea conveniente. Nadie debe juzgar. Podemos decir si Allah lo permite o no, pero nada más.
Y en el Jucio Final nos vemos todos insha Allah.

Quizás alguien esperaba que dijera que Farah irá al infierno, que debemos boicotear sus páginas, destruir su negocio y dejarla en la calle pidiendo limosna por mala musulmana y a ver si así racapacita y vuelve al camino recto. Siento no haber dicho eso, no soy extremista, pero creo que si lo hubiera dicho hubiera sido peor que lo que hace ella.

Lo que hace está mal desde el punto de vista islámico, pero, ella es mayorcita para saber lo que hace. Si ella es feliz así, es su problema. RESPETO, su forma de llevar la vida. Sólo deseo que  Allah nos guie a todos. Mientras tanto, pido que todo el mundo tenga el respeto que se merece como persona, y que todos nos compremos un espejo y lo usemos. :)

Un saludo, vuestra hermana en el Islam,

Aicha-Mus

lunes, 7 de febrero de 2011

Las hijas de la liberación


En el nombre de Allah, Misericordioso y Clemente

M. Laure Rodríguez Quiroga
Opinion
Presidenta de UMME y directora de Torre de Babel IV Congreso Internacional de Feminismo Islámico

Son mujeres las protagonistas en la consecución de una conciencia de los derechos del Corán

A lo largo de estas semanas, numerosos periodistas se han puesto en contacto conmigo interesados en los acontecimientos que están sucediendo en Túnez y Egipto. Parece que ser musulmana, la convierte a una en experta de materias internacionales. Lejos queda de mi intención aventurarme a realizar un análisis político de la situación. Sinceramente, ni poseo los conocimientos ni considero que pueda aportar nada relevante. Sin embargo, existe un dato que parece haber llamado poderosamente la atención a los medios sobre el que sí me gustaría poder reflexionar: la participación activa de las mujeres en las masivas protestas populares.

Parece que sorprende ver a mujeres ocupando las primeras fi- las o simplemente protestando, como si el islam fuese contrario a la libertad de expresión o a la lucha contra la tiranía en la que no solo ellas, sino el conjunto de la sociedad ni tan siquiera pudieran acceder a unos derechos más que elementales.

Realmente considero que, históricamente, en todas las sociedades las mujeres han tomado un papel protagonista en las revoluciones liberales y en la lucha contra los gobiernos y sistemas opresores. Sin embargo, la evolución de las sociedades ha sido contada desde una perspectiva androcéntrica, silenciando las aportaciones femeninas.

Tal vez en estos momentos exista mayor sensibilidad a las cuestiones de género y por ello las noticias otorgan una visibilización de la acción femenina. En el caso norteafricano, parece que el hecho despunta dada la inneglable visión estereotipada de la sumisión de la mujer musulmana, y por lo tanto su movilización en cadena otorga un mayor sensacionalismo mediático.

Es evidente, y no se puede negar, que en comparación con décadas anteriores las mujeres egipcias han logrado movilizarse de manera autónoma, desarrollando un liderazgo femenino sin parangón. No me cabe la menor duda que la alfabetización cada vez más extendida de las nuevas generaciones está permitiendo convertir la educación en una de las herramientas más eficaces para el empoderamiento y la liberación.

Basta acercarse a las universidades para observar cómo mayoritariamente son mujeres las protagonistas en la búsqueda del conocimiento y, por lo tanto, en la consecución de una conciencia de los derechos legítimamente emanados del Corán.

Creo que es precisamente ahí donde radica la acción y el compromiso de estas mujeres, imbuidas de valor para enfrentarse a un sistema que ha traicionado ese mensaje de salvación que permite a mujeres y hombres embriagarse de una libertad individual, consciente y racional.

La construcción de gobiernos oligárquicos converge en personajes tiranos que bajo la imposición pretenden dominar a la ciudadanía, los cuales son totalmente contrarios a la cosmología islámica.

Ellas, las mujeres, parecen haberse convertido en la insignia de la exigencia de una democracia íntimamente relacionada a la revelación coránica. Una democracia que implica dar la voz a su ciudadanía, para que el Estado esté al servicio del pueblo y no al contrario.


Assalamu aleikum wa rahmatullah wa barakatuh.

Me he encontrado esta imagen por internet. No sé si realmente es cierto, pero si es así, creo que debemos abrirnos más y quitar esos miedos o prejuicios que tenemos.